Las fotografías son del cementerio de Panxón, en Nigrán, ya de hace un par de meses. Ahora vivo cerca y naturalmente podría volver y hacer exactamente las mismas fotos. El ánimo cazador de la instantánea se estrella contra la inmovilidad de los cementerios. Estas fotografías están protegidas para durar: sobre esmalte y cubiertas por un cristal. Como el granito o las letras metalizadas que las enmarcan.

Cuando alguien nos hace una fotografía deberíamos darnos cuenta de la muerte.
En ese momento que el agujero se abre y se cierra, chac, la luz rebota en nosotros, en cada punto de nuestra cara, pestañas, pupila y es encerrada inmediatamente tras el obturador. Un tesoro queda atesorado. Esta fotografía va a durar más que nosotros… pongamos que tanto como dure el soporte.
Imagina a tus familiares, rebuscando entre tus fotos para elegir cuál entregará a la marmolería. Los caprichosos de su imagen, deberían de antemano ir eligiendo alguna, que luego viene tu madre y esmalta para la eternidad esa foto en la que sales fatal.
Algunas son de esa generación que se hacía pocas fotos. Son fotos oficiales. Quizás la foto para la boda. Por cierto que al hilo de éstas voy pensando en un post sobre El matrimonio más allá de la muerte.



O un par de fotos de carné, probablemente.

Otras son fotos casuales, más en la costumbre actual. Con la salvedad de que en analógico se hacían muchas menos (24, 36 en cada carrete) y siempre en algún cumpleaños, un viaje. Parece una tarea que ayuda al duelo elegir aquella en la que sale más guapo, o aquella que mejor casa con el recuerdo.
Estas dos me parecieron conmovedoras. Bueno, todas las de este post me lo parecen. Sigue habiendo algo definitivamente emocionante en la fotografía, incluso estando saturados de imágenes. Ese algo, en la fotografía funeraria brilla más. No se bien que es, a lo mejor es un hilo entre la vida y el muerto.


Las fotos tienen cierta capacidad peligrosa de sustituir a los recuerdos. El recuerdo goza de las mil capas de los sentidos y las emociones, y el oleaje de los instantes (olé al gran Proust), mientras que una fotografía o un vídeo te aplasta todo eso en una pobre imagen registrada.
Supongo que la tendencia digital que viene para los cementerios es de presentaciones con muchas fotos y música, o directamente vídeos. La sociedad digital es muy laxa y no le gusta elegir, prefiere la imprecisión de la abundancia al sinécdoque.
Pero la foto es sinécdoque, el “todo por la parte”.

La fotografía comparte la maldición de la escritura: un hijo del que es inútil arrepentirse. Tiene vida propia, mucho más allá de nuestra muerte, y cada uno la va a interpretar como le dé la gana. En plan empático o con mala leche.
Con la escritura, en concreto la firma, comparte también cierto carácter sagrado-legal. Por ejemplo en este post dudo si poner estas fotos de fotos, ¿se podrá? Ay. Ese ay, esa prevención, me avisa de que piso terreno sagrado. Los derechos sobre la propia imagen siempre se creen mayores de lo que son. Y no es tontería. Estos rostros no son sólo esmaltes y tintas, tienen cierta vida interna, guardan algo del espíritu del difunto. Cómo diría Bécquer en El Beso
una vida incomprensible y extraña, vida que yo no me explico bien, pero que la siento, sobre todo cuando bebo un poco.
Y termino, añadiendo un dato turístico sobre este cementerio: que en una zona dedicada al turismo y la pesca, está de espaldas al mar. Todas las casas miran al mar, en cambio los muertos, que chuparon mar y mar en vida, no quieren volver a verlo, totalmente tapado por la altura de los nichos. Fabiola (gracias) se subió a lo alto de la valla para poder sacar la playa en esta fotografía.

Yo si me enterraren aquí gustaría de disfrutar las vistas, la gente bañándose, los veleros. Y de vez en cuando tomaría alguna foto, chac!
La foto de la mujer muerta a los 38 años es emocionante.
Acabo de encontrar un libro titulado A los muertos no les gusta la fotografía. Va sobre una estudiante de Ciencias de la Información que concibe la vida como un álbum de fotos hasta que, y aquí viene la peripecia, una de esas fotografías abre una puerta que estaba mejor cerrada…
[...] del otro cementerio de Finisterre. Es un lugar recogido, vuelto sobre sí mismo. Como el de Panxón, otro pueblo marinero, también totalmente de espaldas al [...]
[...] tiempo haciendo un post sobre el cementerio gallego de Panxón publiqué algunas de ellas. Estas otras son del cemeterio de Praga y del cementerio judío de [...]