“Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Y después de atarle, lo llevaron y le entregaron al procurador Pilato. Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Pequé entregando sangre inocente. Ellos dijeron: A nosotros, ¿qué? Tú verás. El tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y se ahorcó. Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre. Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura para los forasteros. Por esta razón ese campo se llamó Campo de Sangre, hasta hoy.”
Evangelio según san Mateo, 27, 1-10.