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Jaime Bateman, el “comandante Pablo”, fue, primero, miembro de las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y después, fundador y líder de la guerrilla urbana M-19 (Movimiento 19 de abril de 1970). Murió en un accidente de avión y su cuerpo estuvo desaparecido nueve meses.

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Habla el fantasma de Lucio, el hermano de Ovidio muerto a los 20 años:

“Pero en el fondo sabes que todo lo hermoso y grandioso de tu existencia ya pasó. Sabes que sufrirás en medio de la agonía. La pausa de esta primavera es tan ilusoria como la esencia de la primavera misma. Te esperan días solitarios y enfermos. Nadie te cerrará los ojos cuando mueras. Nadie pronunciará tu nombre desde las orillas de la vigilia como lo pides continuamente a los dioses. Ellos, y eso lo has reconocido en tus momentos más lúcidos, te han olvidado para siempre. Eres un hombre despojado de los dioses, un hombre además, incapaz de inventarlos. Y nadie, Ovidio, lavará tu cuerpo, ni lo vestirá, ni habrá ramas de pino alrededor de tu mortaja. Nadie llevará las máscaras de nuestros padres ni siquiera la mía, a tus funerales, porque no tendrás funerales como corresponde a los malditos. Nadie cavará una tumba para ti al pie de un camino, y tu epitafio, así lo hayas escrito ya, jamás será leído. Estarás solo, y solo, Ovidio, la muerte te acogerá. Ésta y no otra es la última dádiva que te dará el exilio” (66).

Pablo Montoya, Lejos de Roma. Medellín, Sílaba, 2014.

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Doscientos amigos asistirán a mi entierro y tú tendrás que pronunciar un discurso ante mi tumba, me había dicho Paul. Pero en su entierro sólo estuvieron ocho o nueve personas, como me consta, y yo mismo estaba en aquel momento en Creta, escribiendo una obra de teatro que, en cuanto hube terminado, aniquilé inmediatamente. Según supe más tarde, él había muerto sólo unos días después de la agresión a su primo, curiosamente no, como había creído yo al principio, en Steinhof, su verdadero hogar, según él, sino en un hospital de Linz. Reposa, como suele decirse, en el cementerio central de Viena. Hasta hoy no he visitado su tumba (p. 144)”

Thomas Bernhard, El sobrino de Wittgenstein. Barcelona, Anagrama, 1988. Trad., Miguel Sáenz.

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“No hay que considerar lo más importante el vivir, sino el vivir bien”.

PLATÓN, Critón, 48b.

“Tenemos que morir o sufrir cualquier otro daño antes que obrar injustamente”.

PLATÓN, Critón, 48d.

“La muerte antes que el destierro”.

PLATÓN, Critón, 52c.

“Más bien, Sócrates, danos crédito a nosotras [las leyes], que te hemos formado, y no tengas en más ni a tus hijos ni a tu vida ni a ninguna otra cosa que a lo justo, para que, cuando llegues al Hades, expongas en tu favor todas estas razones ante los que nos gobiernan allí”.

PLATÓN, Critón, 54b.

“Si te vas ahora, te vas condenado injustamente no por nosotras, las leyes, sino por los hombres. Pero si te marchas torpemente, devolviendo injusticia por injusticia y daño por daño, violando los acuerdos y los pactos con nosotras y haciendo daño a los que menos conviene, a ti mismo, a tus amigos, a la patria y a nosotras, nos irritaremos contigo mientras vivas, y allí, en el Hades, nuestras hermanas las leyes no te recibirán de buen ánimo, sabiendo que, en la medida de tus fuerzas has intentado destruirnos”.

PLATÓN, Critón, 54c.

Critón

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“Temer a la muerte no es otra cosa que creer ser sabio sin serlo, pues es creer que uno sabe lo que no sabe. Pues nadie conoce la muerte, ni siquiera si es, precisamente, el mayor de todos los bienes para el hombre, pero la temen como si supieran con certeza que es el mayor de los males.”

PLATÓN, Apología, 29a.

“No hay hombre que pueda conservar la vida si se opone noblemente a vosotros o a cualquier otro pueblo y si trata de impedir que sucedan en la ciudad muchas cosas injustas e ilegales.”

PLATÓN, Apología, 32a.

“Pero no es difícil, atenienses, evitar la muerte, es mucho más difícil evitar la maldad.”

PLATÓN, Apología, 39a.

“La muerte es una de estas dos cosas: o bien el que está muerto no es nada ni tiene sensación de nada, o bien, según se dice, la muerte  es precisamente una transformación, un cambio de morada para el alma de este lugar de aquí a otro lugar. Si es una ausencia de sensación de sueño, como cuando se duerme sin soñar, la muerte será una ganancia maravillosa…”

PLATÓN, Apología, 40c-d.

“Si, por otra parte, la muerte es como emigrar de aquí a otro lugar y es verdad, como se dice, que allí estarán todos los que han muerto, ¿qué bien habría mayor que este, jueves? Pues si, llegado uno al Hades, libre ya de estos que dicen que son jueces, va a encontrar a los verdaderos jueces, los que se dice que hacen justicia allí: Minos, Radamanto, Éaco y Triptólemo, y a cuantos semidioses fueron justos en sus vidas, ¿acaso sería malo el viaje? Además, ¿cuánto daría alguno de vosotros por estar junto a Orfeo, Museo, Hesíodo y Homero?”

PLATÓN, Apología, 40e-41a.

“Yo estoy dispuesto a morir muchas veces si esto es verdad, y sería un entretenimiento maravilloso, sobre todo para mí, cuando me encuentre allí con Palamedes, con Ayante, el hijo de Telamón, y con algún otro de los antiguos que haya muerto a causa de un juicio injusto, comparar mis sufrimientos con los de ellos; esto no sería desagradable, según creo.”

PLATÓN, Apología, 41b.

“Y lo más importante, pasar el tiempo examinando e investigando a los de allí, como ahora a los de aquí, para ver quién de ellos es sabio, y quién cree serlo y no lo es. ¿Cuánto se daría, jueces, por examinar al que llevó a Troya a aquel gran ejército, o bien a Odiseo o a Sísifo o a tantos otros infinitos hombres y mujeres que se podrían citar? Dialogar allí con ellos, estar en su compañía y examinarlos sería el colmo de la felicidad. En todo caso, los de allí no condenan a muerte por esto. Por otras razones son los de allí más felices que los de aquí, especialmente porque ya el resto del tiempo son inmortales, si es verdad lo que se dice.”

PLATÓN, Apología, 41b-c.

“Es preciso que también vosotros, jueces, estéis llenos de esperanza con respecto a la muerte y tengáis en el animo esta sola verdad, que no existe mal alguno para el hombre bueno, ni cuando vive ni después de muerto, y que los dioses no se desentienden de sus dificultades.”

PLATÓN, Apología, 41c.

“Pero es hora de marcharnos, yo a morir y vosotros a vivir. Quién de nosotros se dirige a una situación mejor  es algo oculto para todos escepto apra el dios”

PLATÓN, Apología, 42a.

Sócrates

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1_Todos estábamos a la espera

“Quienes conocen a Álvaro Cepeda Samudio apenas superficialmente, no entienden cómo hace para escribir sus cuentos. Quienes lo conocen más a fondo, lo entienden menos. Aunque en alguna parte del mundo haya vivido más de dos años seguidos, Álvaro Cepeda Samudio no ha permanecido quieto más de una hora en toda su vida (…) Uno no puede entender que un día se haya sentado frente a una máquina y hubiera escrito y luego corregido y por fin puesto en su forma definitiva una cosa tan hermosa y lograda como «Hoy decidí vestirme de payaso» (…) ese desorden ambulante, atropellado y vital (…) después de tanto dar vueltas sin que se sepa realmente alrededor de qué (…) no se sabía con mucha exactitud dónde estaban los borradores (…) Fue preciso buscar por toda la costa Altántica una camioneta que Álvaro Cepeda Samudio había vendido el año anterior, y en cuya guantera se habían ido enredados los originales. (…) para que eso fuera posible debieron de tener al autor por lo menos durante ocho días metido dentro de una camisa de fuerza.”

Gabriel García Márquez, El Espectador, 15 de agosto de 1954.

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Ilustración de Cecilia Porras para «Hoy decidí vestirme de payaso»,

uno de los cuentos de Todos estábamos a la espera.

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Todo grupo literario tiene su centro de gravedad en un bar. El del grupo de Barranquilla era La Cueva. Allí se reunían Gabriel Garcia Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Alejandro Obregón, Alfonso Fuenmayor, Germán Vargas y otros en la Barranquilla de mitad del siglo XX.

Este es el último párrafo de la carta que Gabriel García Márquez (1927-2014) le escribió a Alfonso Fuenmayor (1915-1994) cuando se murió Álvaro Cepeda Samudio (1926-1972):

“Bueno, maestro, esta vaina es muy jodida hasta para decirla: estoy hecho una mierda, en un estado miserable de desconcierto y desmoralización, y por primera vez en mi vida no encuentro por dónde salir. Te lo digo porque creo que me ayuda el decírtelo, y porque tal vez a ti también te ayuda el que te lo diga.

Abrazos de todos para todos,

Gabo.”

EPSON MFP imageÁlvaro y Gabriel en el aeropuerto de Barranquilla en 1968

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