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Posts Tagged ‘cementerios alemanes’

“Una mente sumamente furtiva. Muchas puertas cerradas. Insinuaciones, rumores acerca de una sexualidad antinatural. Secretismo, incluso hoy en día. Las mujeres que se relacionaban con Hitler tendían a suicidarse, o al menos a intentarlo. Tras su muerte, hubo mujeres en toda Alemania que pusieron fin a sus días. Una lista interminable de suicidios.

(…)

– Fascinante -dijo ella.

Lightborn se hundió en una butaca, fatigado por sus propias revelaciones.

– Fascinante, sí. Una palabra interesante. Proviene del latín fascinus. Un amuleto con forma de falo. Una palabra que procede de la misma raíz que la palabra «fascismo»” (223 y 225).

Don DeLillo, Fascinación. Barcelona, Seix Barral, 2012. Trad., Gian Castelli Gair.

Hitler

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La fórmula “hasta que la muerte nos separe”  no es necesariamente verdadera en el más acá, pero tampoco en el más allá, donde puede darse el extremo contrario: que la muerte no nos separe.

(más…)

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Este agujero está en el cementerio judío de Schönhauser Allee,  en Berlin. Fue el primer cementerio sobre el que escribí en este blog. En mis visitas anteriores no me había fijado en este pequeño agujero en el suelo.  Está en un lugar esquinado y hay en él una pequeña historia:

En el letrero pone “Den Tod Anderer nicht zu wollen, das war ihr tod”.

Lo que viene a decir algo así como “No querían la muerte de los otros,  y eso  fue su muerte”.

Debajo hay esta pequeña historia:

Hier verbarge sich ende des jahres 1944 Kriegsgegner. Sie wurden von der SS entdeckt, an den Baumen erhangt und hier verscharrt

Aquí se escondió al final de 1944 un grupo de antibelicistas. Fueron descubiertos por las SS, colgados en los árboles y enterrados aquí.

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El joven Naneferkaptah, perteneciente a la familia real del faraón, amaba la elctura sobre todas las cosas y no hacía otra cosa que pasear por la necrópolis de Memphis leyendo las inscripciones de las tumbas de los faraones y las estelas de los escribas de la Casa de la Vida. Un día, mientras seguía la procesión de un enterramiento un sacerdote se rió de él.
– Por qué te ríes de mí.
– Si de verdad quieres leer cosas de importancia te diré el lugar donde se encuentra el libro que escribió Thot cuando bajó tras los dioses. Se compone de dos encantamientos: si lees el primero podrás encantar el cielo, la tierra, el más allá, los montes y los mares; podrás saber todo lo que dicen los pájaros del cielo y los reptiles y verás los peces de las profundidades de las aguas. Si lees el segundo, llegarás al reino de los muertos sin haber muerto y podrás ver a Ra apareciendo en el cielo con todo su esplendor.
– A cambio de que me digas dónde está el libro, pídeme lo que sea y te lo daré.
– Llegarás al deseo que ya deseas, pero yo soy un sacerdote y no un comerciante cualquiera y si quieres que tu oído conozca lo que mi boca ya sabe tendrás que cederme tus bienes y prerrogativas y privilegios.
– Así sea.
Y el sacerdote pidió la muerte de su mujer y de sus hijos, “pues no quiero que litiguen conmigo”. Y el infortunado joven los mandó traer y mandó que les hicieran “la atrocidad que te ha venido a la mente”. Y antes sus ojos los mataron y arrojaron sus cadáveres a los perros y a los gatos.
Entonces el sacerdote habló:
– El libro de Thot está en el agua de los mares, en una caja de hierro que lleva dentro una caja de cobre que lleva dentro una caja de madera que lleva dentro una caja de marfil y ébano que lleva dentro una caja de plata que lleva dentro una caja de oro, todas custodiadas por la serpiente de eternidad.
Y el joven, que sobre todas las cosas amaba la lectura, caminó hasta el mar, arrojó arena sobre él, abrió las aguas, caminó entre ellas, llegó hasta la serpiente, luchó con ella, la mató, ella revivió, la volvió a matar, ella volvió a revivir y la tercera vez, tras matarla, la cortó en dos mitades y puso arena entre ambas y por fin la serpiente murió y ya no revivió. El joven abrió todas las cajas, encontró el libro, lo cogió, salió del mar, las aguas se cerraron tras él y cuando llegó a Memphis abrió el libro.
Leyó el primer encantamiento y el cielo y la tierra, los montes, los mares y el más allá le descubrieron sus secretos y supo lo que decían los animales. Y quienes lo vieron leer vieron en su cara el resplandor de la alegría y el conocimiento.
Leyó el segundo encantamiento y vio a Ra, que aparecía en el cielo. Y entró en el reino de los muertos y vio los despojos profanados de su esposa y de sus hijos y oyó sus desgarradores lamentos y se horrorizó y se tapó los ojos, pero los siguió viendo, y se tapó los oídos, pero los siguió escuchando. Y los que le vieron leer vieron su cara llena de espanto y de muerte y vieron como el infortunado joven, que sobre todas las cosas amaba la lectura, se arrancaba los ojos con la sola fuerza de sus dedos y gritaba y gritaba y no cesaba de gritar y siguió gritando por toda la eternidad.
Constantino Bértolo, La cena de los notables. Sobre lectura y crítica.
Cáceres, Periférica, 2008.

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Garea, que está haciendo la vuelta a España, pero en desorden, ha estado este fin de semana en tierra de bellotas y ha tenido el detalle de mandarnos unas fotos del cementerio Cuacos de Yuste que, a pesar de estar en Extremadura, de extremeño tiene sólo el contenedor, porque el contenido, véase, los muertos, son alemanes, soldados para más señas.

Esta placa conmemorativa explica que el Volksbund se encargó de reunir los cuerpos (o los restos, según el estado) de todos los soldados alemanes muertos en España en la I y II Guerra Mundial para enterrarlos todos juntos en Yuste. La wikipedia dice “180 restos de soldados”, pero digo yo que querrá decir “los restos de 180 soldados..” . 

Volksbund es la abreviatura de Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge (VDK), la Organización Alemana para la Conservación de Cementerios de los Caídos de Guerra, encargada del cuidado de unos dos millones de tumbas en 800 cementerios repartidos por toda Europa: en España, Yuste; en Alemania, Halbe, el más grande del país, con siete hectáreas y más de 20.000 soldados sin identificar; en Bélgica, Menen Vladslo; en Francia,  Berneuil, Niederbronn y los seis de Normandía: La CambeChampigny-Saint-André, Mont-de-Huisnes, Marigny, Orglandes y St Désir de Lisieux; en Rusia, entre 80 y 100 cementerios alemanes, como los de Sebesh, Kursk, Gagarin, Voronezh y Apscheronsk.

Ésta foto me gusta mucho, parece que el árbol de la derecha ha crecido alineado con la fila de tumbas:

Ésta parece la foto de una huerta

Y ésta la de unos jóvenes haciendo ejercicios gimnásticos en un campamento de verano: brazos en cruz – pies juntos, ¡hop! brazos pegados al cuerpo-piernas abiertas.

I. M., 23 años:

Franz-Wilhelm, 22 años:

Franz, fecha de nacimiento desconocida:

No está mal pasar la eternidad en La Vera, a la sombra de los cerezos en flor.

Muchas gracias por las fotos, Garea.

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Mientras algunas seguimos engorilándonos aquí en Madrid, Ana y Ale se han ido a Berlín.

“… el domingo, cuando volvíamos de curiosear el mercadillo de Friedrichshain, vimos este cementerio. Había una capilla-teatro con sus graffittis y detrás un cementerio-jardín con sus tumbas-parterres, (en España no se suelen ver estas combinaciones). Cada poco había un montón de aperos de jardinería (qué organizaos estos alemanes) y allí estaba la gente en su mañana de domingo dándose a la jardinería tumbil,  curioso.”

Gracias por las fotos, zamoranos.

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Los libros de texto para estudiar idiomas son la cosa más aburrida que existe en este mundo y el principal obstáculo a superar a la hora de aprender cualquier lengua (además de la abulia y la sordera). Pero, precisamente por su cualidad de soporíferos, fomentan otro tipo de actividades compensatorias orientadas a acallar nuestra mala conciencia. En tales casos nuestro pensamiento discurre así: “ya que no estudio alemán, por lo menos voy a leer algo en alemán, a ver si me entero”. Y así fue como encontré estos poemas de Rilke en la edición bilingüe que me prestó Dani (muchas gracias). Ambos pertenecen a El libro de las horas, que me ha atrapado. Lo leí una y otra vez anoche en la cama y al final se me hizo tan tarde que ahora, cuando debería estar estudiando para el examen de mañana, para evitar dormirme estoy redactando este post. El caso es procrastinar.

Amo las horas oscuras de mi ser
en las que se ahondan mis sentidos;
en ellas, como en viejas cartas,
hallo mi vida cotidiana ya vivida
y lejana y olvidada como una leyenda.

Gracias a ellas sé que tengo espacio
para vivir otra ancha vida intemporal.
Y a veces soy como el árbol
que sobre una tumba, maduro y rumoroso,
cumple aquel sueño que el niño que se fue
(al que abraza con sus raíces tibias)
perdió en tristezas y canciones.

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Ich liebe meines Wesens Dunkelstunden,
in welchen meine Sinne sich vertiefen;
in ihnen hab ich, wie in alten Briefen,
mein täglich Leben schon gelebt gefunden
und wie Legende weit und überwunden.

Aus ihnen kommt mir Wissen, dass ich Raum
zu einem zweiten zeitlos breiten Leben habe.
Und manchmal bin ich wie der Baum,
der, reif und rauschend, über einem Grabe
den Traum erfüllt, den der vergangne Knabe
(um den sich seine warmen Wurzeln drängen)
verlor in Traurigkeiten und Gesängen.

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Todos los que te buscan te ponen a prueba
Y los que te encuentran te asocian
a imagen y gesto.

Pero yo quiero comprenderte
como te comprende la tierra;
madurando yo,
madura
tu reino.

No quiero de ti vanidades
que te atestigüen.
Sé que el tiempo
no se llama
como tú.

No hagas milagros para complacerme.
Dales la razón a tus leyes,
que de generación en generación
se hacen más visibles.

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Alle, welche dich suchen, versuchen dich.
Und die, so dich finden, binden dich
an Bild und Gebärde.

Ich aber will dich begreifen
wie dich die Erde begreift;
mit meinem Reifen
reift
dein Reich.

Ich will von dir keine Eitelkeit,
die dich beweist.

Ich weiß, dass die Zeit
anders heißt
als du.

Tu mir kein Wunder zulieb.
Gieb deinen Gesetzen recht,
die von Geschlecht zu Geschlecht
sichtbarer sind.

Rainer Maria Rilke, El libro de las horas / Das Stundenbuch.
(Trad. Eustaquio Barjau y Joan Parra)

El libro entero es absolutamente magnífico y si de las 11 piezas he colgado sólo estos dos ha sido para obligarme a eso que tanto me cuesta, que es elegir. Los dos primeros versos del primero me parecen insuperables. Y el segundo poema es lo más parecido a la segunda teología que yo podría abrazar (la primera es la del demiurgo geómetra del Timeo de Platón). Es más, todo el libro es la teología más hermosa, en un sentido tanto conceptual como formal, que he leído en ésta mi última reencarnación. Por ejemplo:

Ya nadie mirará más allá ni aguardará otra vida,
tan sólo anhelarán no profanar la muerte
y vivirán con entrega la vida terrena
para no ser nuevos cuando vayan a parar a sus manos.

Y el poema que comienza con “¿Qué será de ti, Dios, cuando yo muera?”
(“Was wirst du tun, Gott, wenn ich sterbe?”) y acaba con
“¿Qué harás, Dios? Temo por ti” (“Was wirst du tun, Gott? Ich bin bange”)
es el mejor resumen de la filosofía de Feuerbach, eso de que dios no es más que una proyección del hombre.

El libro se cierra con este poema, el cual recrea un mundo tan triste e inhabitable que parece que Rilke se lo hubiera dedicado a Madrid:

Pues, Señor, las grandes ciudades están
perdidas y liquidadas;
la más grande es huida ante las llamas,
y no hay consuelo para consolarlas,
y su breve tiempo se escurre.

Allí viven humanos, mala y penosamente,
en alcobas profundas, temerosas de gesto,
temblando como un rebaño de corderos lechales;
afuera, tu tierra vela y respira,
pero ellos son y ya no lo saben.

Allí crecen niños junto a las ventanas
siempre nubladas por la misma sombra,
y no saben que afuera las flores invitan
a un día lleno de anchura, gozo y viento,
y han de ser niños y son niños tristes.

Allí florecen vírgenes a lo desconocido
y añoran la paz de su infancia;
mas lo que tanto ansiaban no está allí,
y temblorosas vuelven a cerrarse
y en una ciega habitación sin vistas
viven su maternidad desencantada,
el apático gemir de las largas noches
y los años fríos sin lucha ni fuerza.
Y en lo más oscuro están los lechos de muerte,
y ellas poco a poco los anhelan;
y mueren largamente, como encadenadas
y se van como mendigas.

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