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Posts Tagged ‘Corpus’

Hoy 5 de marzo estrenan la Alicia en el país de las maravillas de Tim Burton. Hace pocos días ha sido el aniversario del nacimiento (28 de febrero de 1820) y de la muerte (25 de febrero de 1914) del autor de las ilustraciones originales, Sir John Tenniel.

Los dibujos de Tenniel se reconocen porque todos van firmados así:

Hace tantos años que lo leí que decidí buscar otra edición menos infantil y adaptada y comprármelo para leérmelo durante el viaje de este fin de semana. Buscando en iberlibro.com (qué maravillosidad de página) encontré una edición en tapa dura ilustrada por Sir John Tenniel por sólo 4,4 €,  todo un chollazo, en la estupenda y recién descubierta librería Alcaná (metro Tetuán). De paso, ya que estaba allí, me llevé los cuatro volúmenes de las memorias de Corpus, Los pasos contados, por menos de 20 pavos. Mereció la pena ir hasta allí.

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ACTUALIZACIÓN:

Alicia de cine en 1903, vía La Petite Claudine.

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Comenzada la matanza

¡Baile de parejas! Bergson para Miss Wonderly y Corpus para despieces.

“Cuando estalló el conflicto europeo, el señor Bergson era el presidente anual de la Academia Francesa de Ciencias Morales y Políticas. El 12 de diciembre de 1914, a los pocos meses de comenzada la matanza, hubo de tomar la palabra, en sesión solemne de la Academia, y a lo largo de su discurso pronunció las siguientes: “Se ha dicho que la última palabra de la filosofía era comprender y no indignarse. No sé, pero, si tuviese que escoger, preferiría delante del crimen indignarme y no comprender”.

Corpus Barga, “Visita a Bergson, el filósofo”, en Periodismo y literatura, 173-181

La descripción que Corpus hace de Bergson está, no sé si por tratarse de un filósofo, totalmente centrada en su cabeza, y si no lo creen, pasen y lean:

“La cabeza de Enrique Bergson es de una finura sorprendente (…) La cabeza de Bergson es abundantemente craneana (…) Su cuerpo no alcanza una talla alta y no tiene interés sino como sostén de la testa (…) De su cabeza fina, avanza como un noble relieve, con sus redondas arrugas, la frente, encima de unos ojos de claro mar, donde se salva en un continuo acierto un puntito -la mirada- inquieto y náufrago. (…) La atención de su cuerpo es absorbida por su cabeza, potente y laborioso motor cerebral”.

Vamos, que quien dice Bergson, por lo visto, dice Nosferatu.

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La muerte ha perdido prestigio

“La muerte ha perdido el prestigio que había llegado a adquirir en los cuarenta años europeos que vivió Europa entre la guerra francoprusiana y la Gran Guerra. Antes de esta época, en el revuelto siglo XIX, escribió el poeta romántico aquello de “que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo?” Se ha superado la marca. Al mundo ya no le importa que haya un cadáver ni mil cadáveres más. Todo ha subido de precio en la vida menos la vida misma, que lo ha perdido. Sin duda porque semejante vida desvalorizada no merece mucho la pena vivirse”.
Corpus Barga, “Reflexiones sobre la tierra. El mundo se achica y encarece”

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“Me conducía al callejón del Gato la impulsión sexual, no la atracción; se entablaba por el contrario la lucha entre dos fuerzas, la sexualidad de la calle del Gato era repelente. Al acercarme a la buscona me parecía que cuando abriera el mantón se le caería una pierna o un brazo y en el invierno, que tiritando se tapaba hasta los ojos, se le caerían estos, la nariz o los dientes; no quedaban de ella en lo último de mi imaginación más que los palillos del esqueleto y los agujeros de la calavera. Sin embargo, tampoco debía de ser este disfraz de la muerte lo que me atemorizaba (…) lo que me paralizaba ante las prostitutas era lo que tenían de mujeronas que sabían y hacían lo que tenían que hacer: en vez del temor a la sífilis, era un temor vital.”

Las Delicias.

“No sé cómo había llegado a mis manos una gran navaja albaceteña, me atraía por su hermosa curva y me servía de cortapapeles; una noche, trabajando ante la pizarra de mi cuarto con la poca luz eléctrica que entonces se usaba, una triste y agria bombilla en el centro de la pieza, cual hoy sólo se halla en algún hotel sórdido, no le impedía dormir a mi hermano Rafael que protestaba sin embargo de que yo me quedase estudiando, tuve un arrebato, cogí la navaja, la abrí y tendiéndola abierta en la mano izquierda, me quité la chaqueta, me remangué la manga, la abrí y teniéndola abierta en la mano izquierda, me remangué la manga del brazo derecho y la mano, yo no había sido ni soy zurdo pero la mano en que de niño hicieron los cirujanos, don Federico Rubio, la maravillosa operación que me ha jugado a lo largo de la vida, algunas malas pasadas, como si se hubiera quedado resentida, la mano siniestra, me dio dos tajos en lo alto del brazo desnudo, cuyas cicatrices me han hecho mentir más de una vez porque me parecía ridículo contar esta historia. Sin duda aquella noche tenía la cabeza muy cargada y quería sangrarme; aunque no corrió mucha sangre el efecto fue instantáneo, se me descargó la cabeza como una pistola y lo mismo que se vuelve a cargar una pistola, seguí trabajando”.

Las Delicias.

“La vegetación silvestre lo había invadido como a los patios de la Casa Grande. Las lápidas de los  muertos no abrían agujeros blancos. El sepulturero se había marchado con los demás vecinos. Los que aún quedaban no eran bastantes para vivir con sus muertes un sepulturero. Continuaban en el cementerio sobresaliendo de la invasión los pocos y tristes cipreses que siempre tuvieron no tanto su tristeza convencional de cipreses como el carácter ahora más señalado de signos”.

Los galgos verdugos.

Los tres fragmentos pertenecen a Los pasos contados, las memorias de Corpus Barga.

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“¿Te acuerdas de tu indignación cuando el hundimiento del tercer deposito? ¡Cómo hablabas del espanto de las mujeres desgreñadas que tomaron en Chamberí por asalto el tranvía en que ibas tú, bien desayunado con pan y manteca! (…) La Guardia Civil nos abría paso a nosotros, los futuros ingenieros, que íbamos, ¡qué farsa!, a prestar los primeros auxilios con las palas y los picos de las panoplias del patio de la Escuela que nos distribuyeron los profesores. No sabíamos manejar las herramientas y no teníamos las que nos hacían falta (…) ¿Por qué al día siguiente en ves de ir a al Escuela nos fuimos a la estación de los Cuatro Caminos y tiramos piedras y nos dispararon?”

Corpus Barga, Las Delicias.

Corpus se refiere al desastre que tuvo lugar/tiempo el 8 de abril de 1905, cuando la cubierta del tercer depósito de agua del Canal de Isabel II de Cuatro Caminos se hundió, sepultando a muchos de los obreros que allí trabajan, de los cuales 30 murieron y 50 quedaron gravemente heridos.

Ese mismo año, al poco tiempo de haber quedado huérfano, Corpus abandonaría sus estudios de Ingeniería de Minas.

Para los curiosos, ingenieros o no, más detalles sobre el hormigón armado y los cambios de temperaturas, aquí.

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1. “El maestro más importante era don Emeterio. Don Victoriano nos vigilaba mientras hacíamos palotes; entonces se empezaba a aprender la escritura cubriendo con trazos en un papel pautado las líneas oblicuas que se llamaban caídos. “Hay que seguir bien los caídos” nos decía don Victoriano, y desde el primer día, sin que nos hubiese dicho quiénes eran los caídos, le comprendíamos.

(…)

2. Años después, habiendo pasado ya mi hermano y yo de las primeras letras, don Victoriano levantó una gran emoción en todo el colegio: había caído -parecía unida a él esta palabra “caído”- soldado para ir a la guerra de Cuba, terrible en nuestras imaginaciones por una pareja de personajes que eran llamados la Fiebre Amarilla y el Vómito Negro, negro y amarillo, como los colores de la temible Guardia Civil, y que yo me representaba, a la Fiebre como un cuerpo largo y seco, en enorme esqueleto, y al Vómito como una fuente que vomitara, en vez de agua, la tinta de la escuela, pero más espesa; igual que la pez de los zapateros de portal que era la que yo había visto: don Emeterio movía con pesadumbre la cabeza, de la que pendían los dos crespones de su barba; los otros profesores y el director miraban con preocupación a don Victoriano y le dirigían palabras de aliento…

(…)
3. Al año siguiente llegó un día al colegio don Emeterio como siempre, severo, impenetrable, haciendo ruido con las botas, y dio la noticia de que don Victoriano había  muerto en Cuba, no dijo,o yo no me acuerdo si lo dijo, de qué había muerto. Apenas causó impresión. La guerra no hacía más que producir héroes”.

Corpus Barga, Puerilidades burguesas.

Corpus Barga

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Aunque aún no nos ha llegado material de Cuzco, parece cortés tomar el relevo y hacer de liebres un rato para repartir el cansancio. Como estos últimos días la cosa va de muerte por terremoto -en el Perú, en Frisco o bajo las arañas-, encomendamos la protección de nuestros (varios) viajeros al Cristo de los Temblores:

“El Cristo de los Temblores es otra antigüedad espiritual que guarda en una capilla la catedral del Cuzco. Está ennegrecido pero hay que comprender bien su color. No es un Cristo para los negros, sino para los indios, para que vean en él, sobre todo cuando la tierra tiembla y se le saca en procesión, algo propio, más profundo de color, más indio que ellos. Fenómeno antiquísimo de localización religiosa. En la procesión de Semana Santa, el Cristo negro es fervorosamente apedreado con la flor roja de los Andes: todo el pueblo es artista.”

Corpus Barga, “El Cuzco o la abolición de la historia”.

Así que cristos negros y flores rojas para no ser, aún, ὁ κατὰ γῆς (/jo kata gues/) -el que está debajo de la tierra, el muerto-, sino el artista.

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