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Posts Tagged ‘erótico’

“Si la paz hubiese continuado, todos nos hubiésemos resistido a  contraer compromiso oficial con una mujer. Solo el heredero del trono tenía que casarse a una edad adecuada. A los treinta años nuestros padres eran ya personas llenas de dignidad, administradores de sus casas y, a menudo padres de una familia numerosa, pero en nuestra generación, destinada a la guerra desde su nacimiento, el instinto de procreación se había extinguido patentemente, no teníamos deseo alguno de continuarnos en nuestros hijos. La muerte cruzaba sus manos huesudas, no sólo sobre las copas que apurábamos, sino también sobre los lechos donde dormíamos con mujeres. Y por eso también eran nuestras mujeres tan pasajeras. Nunca era el placer tan grande que nos hiciese volver a él.

Pero ahora la guerra nos llamaba repentinamente para alistarnos en nuestros comandos de reserva de distrito, y nuestro primer pensamiento no era el de la muerte, sino el del honor  y el peligro, hermano suyo. El sentido del honor es también un narcótico, y adormecía en nosotros el miedo y los malos augurios Cuando los moribundos hacen testamento y ponen en orden todas sus cosas de este mundo, puede que les sobrecoja un estremecimiento; ¡pero nosotros éramos jóvenes y respirábamos vida por todos los poros de nuestro cuerpo! No sentíamos ningún estremecimiento, ningún verdadero estremecimiento, aunque nos gustaba y nos adulaba el producirlo en los que se quedaban; hacíamos testamento por arrogancia, y por arrogancia nos casábamos a toda prisa, con un apresuramiento que desde el principio no expresaba ni una consideración seria ni arrepentimiento alguno. El matrimonio nos hacía parecer más nobles de lo que ya éramos simplemente por ofrecer nuestra sangre, hacía que la muerte, a la que realmente temíamos pero que en cualquier caso preferíamos a una atadura de por vida, nos pareciese menos fea y temible. En cierto modo descartábamos nuestra vuelta, y el atormentado e inolvidable ímpetu con que nos lanzamos a las primeras y tristes batallas se nutría del miedo al retorno a una vida doméstica con muebles destartalados, mujeres que van perdiendo  su encanto, y niños encantadores que llegan al  mundo como ángeles y van creciendo y convirtiéndose en seres extraños y hostiles: eso no lo queríamos ninguno de nosotros. El peligro era inevitable, pero lo endulzábamos casándonos y armándonos para ir a su encuentro como a una patria todavía desconocida, pero que ya nos hacía amistosas señales de bienvenida” (pp. 79-80)

Joseph Roth, La Cripta de los Capuchinos. Barcelona, Acantilado, 2010. Trad.: Jesús Pardo. (Die Kapuzinergruft, 1938).

 

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“Sentía todavía en su piel las huellas de las manos, tan queridas, de la muerta, y en sus propias manos calientes se escondía todavía el recuerdo del frescor del pecho de ella. Cerrando los ojos rememoró aquel cansancio pletórico en su rostro saturado de amor, la boca roja abierta, el blanco brillo de los dientes, el brazo torcido indiferente y en todas las líneas de su cuerpo, el reflejo constante de un reposo feliz en sueños sin deseos. Ahora los gusanos se arrastraban por sus pechos y sus muslos y una putrefacción minuciosa le devoraba el rostro. Cuanto más intensas se presentaban en la mente del joven las imágenes horrorosas de decadencia, tanto más violenta se desataba su pasión. Crecía esta, diríase, hasta la incomprensible infinitud de las regiones donde la muerta había desaparecido” (pp. 69-70).

Joseph Roth, La marcha Radetzky. Barcelona, Edhasa, 2012. Trad.: Arturo Quintana. (Radetzkymarsch, 1932),

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Eros vs Tánatos. Necrofilia de piedra. Pues sí: en ningún cementerio falta una guapa moza. Con la túnica descuidadamente caída debido al dolor o la aflicción, no parecen mover a la piedad ni al sufrir. Y tampoco nos remiten a una vida más allá donde los sentidos carnales se vean desplazados por auras girando en el espacio, unas veces atraídas y otras rebotadas por la Divina Luz.

Madrid, Cementerio de la Almudena.

Muchacha-Ángel con rosario, actitud de orar y pliegues poco estables.

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Pezón al final del pliegue -en competencia con otros famosos pezones madrileños: los de esa estatua llamada Julia y sita en la calle del pez.

París, Cementerio Peré Lachaisse

Dama con lira y actitud arrebatada.

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Berlín, Cementerio de Hallesen Tor

Joven compungida con presencia de omoplato.

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Tampoco es un fenómeno inesperado. Quienes han perdido seres muy cercanos saben que una de las reacciones ante la muerte es la llamada del follisqueo. Esto es parte de algún mecanismo muy sencillo de la madre Natura o el padre Freud. O también que el escultor siempre que le dejan se divierte.

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