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Mientras leía El llano en llamas no podía dejar de preguntarme si alguien que nunca hubiera estado en México querría venir tras enfrentar su cuerpo a la tierra seca y a la sangre de la que están hechos los 17 cuentos que lo componen. He hecho una selección de fragmentos con la peor intención de animarles a leer todo el libro, y a partir de ahí cada cual decidirá si quiere venir a conocer el país de Juan Rulfo o seguir imaginándolo desde su sillón.

*Nos han dado la tierra* (Génesis)

“¿Quién diablos haría este llano tan grande? ¿Para qué sirve, eh?… No, el Llano no es cosa que sirva. No hay conejos ni pájaros. No hay nada… Pero, señor delegado, la tierra está deslavada, dura. No creemos que el arado se entierre en esa como cantera que es la tierra del Llano… Nos han dado esta tierra. Y en este comal acalorado quieren que sembremos semillas de algo para ver si algo retoña y se levanta. Pero nada se levantará aquí.”

*Talpa* (La señal de Caín)

“Porque la cosa es que a Tanilo Santos entre Natalia y yo lo matamos. Lo llevamos  a Talpa para que muriera. Y se murió. Sabíamos que no aguantaría tanto camino; pero, así y todo, lo llevamos empujándolo entre los dos, pensando acabar con él para siempre. Eso hicimos… La idea de ir a Talpa salió de mi hermano Tanilo… Yo tenía que acompañar a Tanilo porque era mi hermano. Natalia tendría que ir también, de todos modos, porque era su mujer.”

*Es que somos muy pobres* (El diluvio)

“Aquí todo va de mal en peor. La semana pasada se murió mi tía Jacinta, y el sábado, cuando ya la habíamos enterrado y comenzaba a bajársenos la tristeza, comenzó a llover como nunca. A mi papá eso le dio coraje, porque toda la cosecha de cebada estaba asoleándose en el solar. Y el aguacero llegó de repente, en grandes olas de agua, sin darnos tiempo ni siquiera a esconoder aunque fuera un manojo… Y apenas ayer, cuando mi hermana Tacha acababa de cumplir doce años, supimos que la vaca que mi papá le regaló para el día de su santo se la había llevado el río.”

*¡Diles que no me maten!* (Raíces)

“Guadalupe Terreros era mi padre. Cuando crecí y lo busqué me dijeron que estaba muerto. Es algo difícil crecer sabiendo que la cosa donde podemos agarrarnos para enraizar está muerta. Con nosotros eso pasó. Luego supe que lo habían matado a machetazos, clavándole después una pica de buey en el estómago. Me contaron que duró mas de dos días perdido y que, cuando lo encontraron, tirado en un arroyo, todavía estaba agonizando y pidiendo el encargo de que le cuidaran a su familia.”

*La cuesta de las comadres* (Amigos)

“Los difuntos Torricos siempre fueron buenos amigos míos. Tal vez en Zapotlán no los quisieran pero, lo que es de mí, siempre fueron buenos amigos, hasta tantito antes de morirse… al pasar Remigio Torrico a mi lado, desensarté la aguja y sin esperar otra cosa se la hundí cerquita del ombligo. Se la hundí hasta donde le cupo. Y allí la dejé.”

*El hombre* (Principio de intercambio)

“… rastreándolo hasta cansarlo. Y donde yo me detenga allí estará. Se arrodillará y me pedirá perdón. Y yo le dejaré ir un balazo en la nuca… Eso sucederá cuando yo te encuentre.”

*Macario* (Muerte y olvido I)

“Yo no sé porque me amarrará las manos; pero dice que porque dizque luego hago locuras. Un día inventaron que yo andaba ahorcando a alguien; que le apreté el pescuezo a una señora nada más por no más. Yo no me acuerdo.”

*En la madrugada* (Muerte y olvido II)

“Que dizque lo maté. Bien pudo ser. Pero también pudo ser que él haya muerto de coraje. Tenía muy mal genio. Todo le parecía mal… Y ahora ya ve usted, me tienen detenido en la cárcel y que me van a juzgar la semana que entra porque criminé a don Justo. Yo no me acuerdo; pero bien pudo ser. Quizá los dos estábamos ciegos y no nos dimos cuenta de que nos matábamos uno al otro. Bien pudo ser. La memoria, a esta edad mía, es engañosa; por eso yo le doy gracias a Dios, porque si acaba con todas mis facultades, ya no pierdo mucho, ya que casi no me queda ninguna. Y en cuanto a mi alma, pues ahí también a Él se la encomiendo.”

*Luvina* (Gobierno)

“Sí, llueve poco. Tan poco o casi nada, tanto que la tierra además de estar reseca y achicada como cuero viejo, se ha llenado de rajaduras y de esa cosa que allí llaman “pasojos de agua”, que no son sino terrones endurecidos como piedras filosas, que se clavan en los pies de uno al caminar, como si allí hasta la tierra le hubieran crecido espinas. Como si así fuera… Por cualquier lado que se mire, Luvina es un lugar muy triste. Yo diría que es el lugar donde anida la tristeza. Donde no se conoce la sonrisa, como si a toda la gente le hubieran entablado la cara…
-¿Dices que el gobierno nos ayudará, profesor? ¿Tú conoces al gobierno?
Les dije que sí
-También nosotros lo conocemos. Da esa casualidad. De lo que no sabemos nada es de la madre del gobierno.
Yo les dije que era la Patria. Ellos movieron la cabeza diceindo que no. Y se rieron. Fue la única vez que he visto reír a la gente de Luvina. Pelaron sus dientes molenques y me dijeron que no, que el gobierno no tenía madre.
Y tienen razón, ¿sabe usted? El señor ese sólo se acuerda de ellos cuando alguno de sus muchachos ha hecho alguna fechoria acá abajo. Entonces manda por él hasta Luvina y se lo matan. De ahí en más no saben si existe”.

*La noche que lo dejaron solo* (Ejército)

“Estamos esperando. Dicen que eran tres; así que tres tienen que ser. Dicen que el que falta es un muchachito; pero muchachito y todo fue el que le tendió la emboscada a mi teniente Parra y le acabó a su gente. Tienen que caer por aquí, como cayeron esos otros que eran más viejos y más colmilludos. Mi mayor dice que si no vienen de hoy a amañana, acabalamos con el primero que Pase y así se cumplirán las órdenes”.

*Acuérdate* (Policía)

“Lo cierto es que no lo volvimos a ver sino cuando apareció de vuelta por aquí convertido en policía. Siempre estaba en la plaza de armas, sentado en la banca con la carabina entre las piernas y mirando con mucho odio a todos. No hpblaba con nadie. No saludaba a nadie. Y si uno lo miraba, él se hacía el desentendido como si no conociera a la gente. Fue entonces cuando ma´to a su cuñado…un culatzo tas otro con el máuser, sin oír lo que le gritaba la gente, rabioso, como el perro del mal.

*Paso del Norte* (Espaldas mojadas)

“Y estábamos pasando el río cuando nos fusilaron con los máuseres. Me devolví porque él me dijo: “Sácame de aquí, paisano, no me dejes”. Y entonces estaba ya panza arriba, con el cuerpo todo agujereado, sin músculos. lO arrastré como pude, a tirones, haciéndomele a un lado a las linternas que nos alumbraban buscándonos. Le diej “Etás vivo”, y él me constestó: “Sácame de aquí, paisano”. Y luego me dijo: “Me dieron”. Yo tenía un brazo quebrado por un golpe de bala y el güeso se me había ido d eallí de donde se salta del codo. Por eso lo agarré con la mano buena y le dije: “Agárrate fuerte aquí”. Y se me murió en la orilla, frente a alas luces de un lugar que le dicen Ojinaga, ya de este lado, enre los tules que siguen peinando el río como si nada hubiera pasado”

*El llano en llamas*

“Pedro Zamora le picó la cresta al gobierno con el descarrilamiento del tren de Sayula. Todavía veo las luces de las llamaradas que se alzaban allí donde apilaron a los muertos. Los juntaban con palas o los hacían rodar como troncos hasta el fondo de la cuesta, y cuando el montón se hacía grande, lo empapaban con petróleo y le prendían fuego. La jedentina se la llevaba el aire muy lejos, y muchos días después todavía se sentía el olor a muerto chamuscado”.

Juan Rulfo, El llano en llamas. Barcelona, Anagrama, 2000.

llano

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