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Posts Tagged ‘muertos’

“Sólo en los entierros judíos he visto semejante metamorfosis de las personas.

El cadáver del judío devoto yace en una sencilla caja de madera, cubierto con un paño negro. No será llevado en carroza sino a hombros de cuatro judíos, a paso ligero, por el camino más corto; ignoro si ello es así porque está prescrito o porque un paso más lento doblaría la carga para los portadores. Casi van a la carrera con el cadáver a través de las calles. Los preparativos han durado un día. A ningún muerto le está permitido permanecer en la tierra más de veinticuatro horas. Los plañidos de dolor de los que le han sobrevivido  han de oírse en la ciudad entera. Las mujeres marchan por las callejas gritando su pena a todo desconocido que encuentran a su paso. Hablan del difunto, le dirigen apelativos cariñosos, demandan su perdón y su gracia, se cubren a sí mismas de reproches, preguntan, perplejas, qué harán ahora, aseguran que ya no quieren vivir -y todo esto en mitad de la calle, en la calzada, a todo correr-, mientras en las casas asoman rostros indiferentes, los forasteros se ocupan de sus negocios, los carruajes pasan de largo y los tenderos atraen a la clientela.

En el cementerio se desarrollan las escenas más conmovedoras. Las mujeres no quieren abandonar las tumbas, se hace preciso obligarlas, y el consuelo toma el aspecto de una doma. La melodía de la oración fúnebre es de una grandiosa simplicidad, breve y casi brusca la ceremonia de inhumación, grande el tropel de mendigos que se disputan una limosna.

Durante siete días, los más allegados de entre los deudos del difunto permanecen sentados en el suelo de la casa de éste, o en pequeños taburetes, deambulan en calcetines, ellos mismos con aspecto de medio muertos. En las ventanas arde una pequeña y mortecina candela mortuoria delante de un lienzo blanco, y los vecinos traen a los que guardan el luto un huevo duro, el alimento de aquel cuyo dolor es redondo: sin principio ni fin” (pp. 59-60).

Joseph Roth, Judíos errantes. Barcelona, Acantilado, 2008. Trad.: Pablo Sorozábal Serrano.  (Juden auf Wahnderschaft, 1927).

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“Cuando llegó al lugar de la tragedia ya había comenzado el rescate de los muertos, de los heridos, de los que se encontraban atrapados. Empezó a oscurecer más rápidamente, como si la noche misma se diera prisa por llegar a tiempo a los primeros horrores y aun quisiera aumentarlos” (pp. 11-12).

Joseph Roth, Jefe de estación Fallmerayer. Barcelona: Acantilado, 2010. Trad.: Berta Vías Mahou. (Stationschef Fallmerayer, 1933).

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hasta nosotros por herencia

“Los niños dicen a menudo que quieren volver a otro mundo que han conocido, en el que había increíbles paradigmas de la perfección. Él se acordaba bien de la belleza que no había podido retener, y más de una vez dijo que quería volver allí. Tenía también pánico de todo lo que es hereditario, pues lo que llega hasta nosotros por herencia natural es propiedad de los muertos” (52).

Fleur Jaeggy, Las estatuas de agua. Salamanca, Alpha Decay, 2015.

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