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Desconcertante cementerio el de Praga… qué dramáticos  son estos checos.

Esta muchacha, por ejemplo. ¿Qué la abruma? ¿Acaso carga con la culpa de sus antepasados desde Eva?

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Cementerio de clicks

Es que en verano he tenido mucho tiempo…

cementerio clic

“A los catorce años yo era alumna de un internado de Appenzell. El lugar por el que Robert Walser había dado muchos paseos cuando estaba en el manicomio, en Herisau, no lejos de nuestro instituto. Murió en la nieve. Hay fotografías que muestran sus huellas y la posición del cuerpo en la nieve. Nosotras no conocíamos al escritor. Ni siquiera nuestra profesora de literatura lo conocía. A veces pienso que es hermoso morir así, después de un paseo, dejarse caer en un sepulcro natural, en la nieve de Appenzell, al cabo de casi treinta años de manicomio en Herisau. Es una verdadera lástima que no hubiésemos conocido la existencia de Walser, habríamos recogido una flor para él. También Kant, antes de morir, se conmovió cuando una desconocida le ofreció una rosa. En Appenzell no se puede dejar de pasear. Si se miran las pequeñas ventanas con franjas blancas y las laboriosas e incandescentes flores en los balcones, se advierte un remanso tropical, una lujuria sofrenada, se tiene la impresión de que dentro sucede algo serenamente tenebroso y un poco enfermizo. Una Arcadia de la enfermedad. Podría parecer que allí dentro hay paz e idilio de muerte, en la pureza. Una exultación de cal y flores. Fuera de las ventanas el paisaje nos reclama; no es un espejismo, es un Zwang, se decía en el colegio, una imposición”.
Fleur Jaeggy, Los hermosos años del castigo. Barcelona, Tusquets, 2009.
Trad., Juana Bignozzi.

cosecha roja

“Llegada la mañana, todos los sumos sacerdotes y los ancianos del pueblo celebraron consejo contra Jesús para darle muerte. Y después de atarle, lo llevaron y le entregaron al procurador Pilato. Entonces Judas, el que le entregó, viendo que había sido condenado, fue acosado por el remordimiento y devolvió las treinta monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Pequé entregando sangre inocente. Ellos dijeron: A nosotros, ¿qué? Tú verás. El tiró las monedas en el Santuario; después se retiró y se ahorcó. Los sumos sacerdotes recogieron las monedas y dijeron: No es lícito echarlas en el tesoro de las ofrendas, porque son precio de sangre. Y después de deliberar, compraron con ellas el Campo del Alfarero como lugar de sepultura para los forasteros. Por esta razón ese campo se llamó Campo de Sangre, hasta hoy.”

Evangelio según san Mateo, 27, 1-10.

“Mi hermana Rose vive sobre la repisa de la chimenea. Bueno, al menos parte de ella. Tres de sus dedos, su codo derecho y su rótula están enterrados en una tumba en Londres. Mamá y papá tuvieron una discusión de las gordas cuando la policía encontró diez pedazos de su cuerpo. Mamá quería una tumba que pudiera visitar. Papá quería incinerarlos y esparcir las cenizas en el mar. En todo caso, eso es lo que me ha contado Jasmine. Ella se acuerda de más cosas que yo. Yo sólo tenía cinco años cuando ocurrió aquello. Jasmine tenía diez. Era la gemela de Rose. Y para mamá y papá, lo sigue siendo. Años después del funeral, seguían vistiendo a Jas igual: vestidos de flores, chaquetitas, zapatos de esos planos de hebilla que a Rose le encantaban. Yo creo que fue por eso por lo que mamá se largó con el tipo del grupo de apoyo hace setenta y un días. Cuando Jas, el día en que cumplía quince años, se cortó el pelo, se lo tiñó de rosa y se hizo un piercing en la nariz, dejó de parecerse a Rose, y mis padres con eso no pudieron. Se quedaron con cinco pedazos cada uno. Mamá puso los suyos en un bonito ataúd, bajo una bonita lápida que dice Mi ángel. Papá incineró una clavícula, dos costillas, un fragmento del cráneo y un dedo pequeño del pie, y puso las cenizas en una urna dorada. Así que se salieron cada uno con la suya, pero sorpresa sorpresa, eso tampoco los hizo felices. Mamá dice que el cementerio es demasiado deprimente para ir de visita. Y en cada aniversario papá intenta esparcir las cenizas en el mar, pero siempre acaba cambiando de opinión en el último instante. Parece que algo ocurre justo cuando Rose está a punto de ser arrojada al agua. Un año, en Devon, había un montón de nubes de peces de esos plateados con pinta de no aguantarse de ganas de comerse a mi hermana. Y otro año, en Cornualles, cayó una caca de gaviota sobre la urna justo cuando papá estaba a punto de abrirla. Yo me eché a reír, pero Jas parecía triste, así que me callé.” (seguir leyendo)

Annabel Pitcher, Mi hermana vive sobre la repisa de la chimenea. Madrid, Siruela, 2011. Trad., Lola Diez

“Ese día, un rato antes, había llovido torrencialmente durante unas horas, y esa noche, la cuarta desde el asesinato, el santuario daba una impresión distinta de la que pretenía, empapado y hollinoso, cáustico y vagamente amenazador, como diciendo: he aquí los efectos del tiempo, en esto nos convertimos solo unas horas después de las lágrimas y de las flores. Alguien había cambiado de posición el osito de peluche, de modo que ahora parecía sodomizar al águila rellena de bolitas, y los demás muñecos estaban caídos de costado, como ratas ahogadas, las ofrendas en monedas puestas ante Lázaro y santa Bárbara habían volado, el incienso había quedado reducido a montoncitos, como un rastro, y a espirales de ceniza. (…) El único exvoto de aspecto inmaculado era una camiseta blanca con el logo de los Ángeles del Infierno, cuidadosamente plegada y colocada en el suelo como un frío anuncio de venganza.” (248)
Richard Price, La vida fácil. Barcelona, Mondadori, 2010. Trad., Carlos Milla Soler.

remuerto

Busco en el diccionario “rehearse”. Ensayar. Ah. Y entonces ¿qué signfica “hearse” solo, sin prefijo? Busco “hearse”: coche fúnebre. Ah, no, pues parece que aquí re- no era prefijo.

“Quiero ver amanecer,
pero del otro lado,
ver amanecer,
pero que alguien se quede aquí
para saber si yo sigo vivo”

“… there was almost no place where a student couple could be alone together. Some went out to the town cemetery and conducted their sex play against the tombstones or even down on the graves themselves” (48-49).

Philip Roth, Indignation. Houghton Mifflin Company, Boston – New York, 2008.

Matrimonio

La fórmula “hasta que la muerte nos separe”  no es necesariamente verdadera en el más acá, pero tampoco en el más allá, donde puede darse el extremo contrario: que la muerte no nos separe.

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