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Necrológica llena de retrasos: El 30 de Octubre murió Claude Lévi-Strauss. Ejm, yo pensaba que estaba ya muerto, pero no.  Había nacido en 1908. Cuando murió tenía por tanto 101 años. Una momiecita de filósofo. De hecho el año pasado se celebró en Francia el centenario de su nacimiento, y debió ser de los pocos casos en que un cumpleañero centenarioso esté vivo. Pero parece ser que no asistió.

Eso fue hace casi un mes, será que “estoy en Cuba”. Lo digo para sustituir la expresión “estoy en la higuera”, recordando cuando mi amiga Irene, que fue estudiar cine en una escuela en Cuba, contaba que no se enteró de la muerte de Burt Lancaster hasta un mes después. Y que le había resultado extraño llorar su muerte un mes más tarde que todos los demás.

Pues así andamos, llorando un mes más tarde. El duelo adecuado será leerle, porque no he tenido el placer de leer nada suyo. ¿Alguna recomendación? Me gusta mucho ese título de Lo crudo y lo cocido.

Vudú kills slowly

Elegir es para mí un problema, por eso he sintonizado solamente dos emisoras en la radio de mi móvil: radio clásica y radio 3. Si tuviera muchas seguramente no escucharía ninguna, sino que sólo haría zapping radiofónico. Todas las mañanas, cuando voy andando al curro, pongo ambas y según lo que suene, me quedo con una o con otra. Normalmente a esas horas gana radio clásica, pero hoy en radio 3, en el programa Sateli 3 han puesto este breve temazo que se me ha metido en el cuerpo a través de los auriculares a toda zapatilla.

El tema está recogido en el recopilatorio Louisiana Gumbo.

La necesidad aclaratoria de la frase de apertura me parece tan sencilla como preciosa: “I feel in love with your body and your soul”, estoy enamorado de tu cuerpo y de tu alma. Luego la cosa se pone demasiado explícita, pero como es en inglés hacemos como que no nos enteramos (de ese momento Lalo Rodríguez enredándose en sus propias sábanas en Devórame otra vez). Y con esto inauguramos una nueva y necesaria etiqueta: Eros&Tánatos.


Y para bajar un poco la temperatura, o para subirla aún más:

15 pies = 4,57 metros (de nieve blanco puro)

“Me conducía al callejón del Gato la impulsión sexual, no la atracción; se entablaba por el contrario la lucha entre dos fuerzas, la sexualidad de la calle del Gato era repelente. Al acercarme a la buscona me parecía que cuando abriera el mantón se le caería una pierna o un brazo y en el invierno, que tiritando se tapaba hasta los ojos, se le caerían estos, la nariz o los dientes; no quedaban de ella en lo último de mi imaginación más que los palillos del esqueleto y los agujeros de la calavera. Sin embargo, tampoco debía de ser este disfraz de la muerte lo que me atemorizaba (…) lo que me paralizaba ante las prostitutas era lo que tenían de mujeronas que sabían y hacían lo que tenían que hacer: en vez del temor a la sífilis, era un temor vital.”

Las Delicias.

“No sé cómo había llegado a mis manos una gran navaja albaceteña, me atraía por su hermosa curva y me servía de cortapapeles; una noche, trabajando ante la pizarra de mi cuarto con la poca luz eléctrica que entonces se usaba, una triste y agria bombilla en el centro de la pieza, cual hoy sólo se halla en algún hotel sórdido, no le impedía dormir a mi hermano Rafael que protestaba sin embargo de que yo me quedase estudiando, tuve un arrebato, cogí la navaja, la abrí y tendiéndola abierta en la mano izquierda, me quité la chaqueta, me remangué la manga, la abrí y teniéndola abierta en la mano izquierda, me remangué la manga del brazo derecho y la mano, yo no había sido ni soy zurdo pero la mano en que de niño hicieron los cirujanos, don Federico Rubio, la maravillosa operación que me ha jugado a lo largo de la vida, algunas malas pasadas, como si se hubiera quedado resentida, la mano siniestra, me dio dos tajos en lo alto del brazo desnudo, cuyas cicatrices me han hecho mentir más de una vez porque me parecía ridículo contar esta historia. Sin duda aquella noche tenía la cabeza muy cargada y quería sangrarme; aunque no corrió mucha sangre el efecto fue instantáneo, se me descargó la cabeza como una pistola y lo mismo que se vuelve a cargar una pistola, seguí trabajando”.

Las Delicias.

“La vegetación silvestre lo había invadido como a los patios de la Casa Grande. Las lápidas de los  muertos no abrían agujeros blancos. El sepulturero se había marchado con los demás vecinos. Los que aún quedaban no eran bastantes para vivir con sus muertes un sepulturero. Continuaban en el cementerio sobresaliendo de la invasión los pocos y tristes cipreses que siempre tuvieron no tanto su tristeza convencional de cipreses como el carácter ahora más señalado de signos”.

Los galgos verdugos.

Los tres fragmentos pertenecen a Los pasos contados, las memorias de Corpus Barga.

FINAL DE NOVIEMBRE

Extraña la vejez de las palomas.

El invierno asoma a las ventanas

y allí la luna tiñe un único paisaje:

la floración del miedo,

la cosecha derramada de las humillaciones,

el flujo blanquecino de la necesidad.

Es la estación oscura de las viñas,

el tiempo en que desbordan las acequias,

la época del humo y la discordia.

Temible en su dulzura es el invierno.

Temible como el cuerpo cuando anhela.

José Luis López Bretones, El lugar de un extraño. Madrid, Rialp, 1999

… en dos actos

1. Estemos entonces entre ellos.

“¿Dónde está el periódico? Lo ha dejado en la encimera de la cocina. De todos modos está demasiado cansada para leer las noticias, demasiado cansada para todo lo que sea novedad.

Para todo menos lo más antiguo y elevado, el amor de los muertos. “Estemos entonces entre ellos”. En la imperiosa e irracional pasión de vivir caben intermitencias. Estas son peligrosas. En Lilo Hunder ha germinado y crecido una noción de libertad; no se puede decir, pero ha guardado seis recetas de Elavil, suficiente para los dos, para tener la certeza de que pueden irse, emprender una retirada razonable cuando llegue el momento. Es agradable pensar que un antidepresivo ingerido en cantidades suficientes puede facilitarte la huida”. (172)

2. Repárteme allí en cien partes.

“Noviembre de 1980. Se apresura por la calle Andrássy. Budapest, orgullosa de sus cicatrices le hace una señal de vez en cuando. “Repárteme allí en cien partes”, esas habían sido las instrucciones de Grisha en un testamento que databa de principios de los años sesenta. Había especificado todos los lugares en los que quería descansar: en la platea superior de la State Opera; bajo la arcada del Palacio Dreschler; ante el mural del Zeneakadémia; en la casa de palmeras del zoo; al pie de la estatua de George Washington en Városliget. Ese era el gran favor que le había pedido Lilo, que distribuyera las cenizas de Grisha”. (177-178)

Benjamin Taylor, El libro de la venganza. Barcelona, Mondadori, 2009. Trad., Aurora Echevarría

“Era aceptado el hecho de que los vampiros bebían y comían. La dificultad residía en saber si era el alma o el cuerpo del muerto quien comía. Se decidió que eran ambos. Los manjares delicados y poco sustanciosos, como los merengues, la nata batida y las frutas escarchadas eran para el alma; el solomillo era para el cuerpo”.

De los “Chistes sobre vampiros” de Charles Nodier (1780-1844) recogidos en Infernaliana. Anécdotas, novelas breves, narraciones y cuentos sobre aparecidos, espectros, demonios y vampiros, publicada en francés en 1822.

Valdemar publicó una edición en 1988 en la colección Tiempo cero y otra en 1997 en la colección El club Diógenes, 156. Ambas traducidas por Agustín Izquierdo Sánchez. La primera, la de Tiempo cero, tiene como portada La muerte del réprobo

y como portada La muerte del avaro, ambas de El Bosco (1450-1516).

La segunda, la de El club Diógenes, tiene como portada un detalle de El triunfo de la muerte, de Pieter Brueghel el Viejo (1525?-1529).

Nada es vitalicio

Hoy hace dos años que murió Fernando Fernán Gómez (Lima, Perú, 28 de agosto de 1921 – Madrid, España, 21 de noviembre de 2007).

Estudio de la escatología islámica según la refundieron los moriscos en su secreta literatura aljamiada. En el siglo XVI los edictos reales contra toda expresión de la cultura musulmana amenazaban con erradicar definitivamente el islam en España. En su afán por desentrañar los secretos de la tumba, la tradición musulmana produjo una escatología que se caracteriza por lo pormenorizado de sus descripciones. Por ella desfilan asombrosas y terroríficas imágenes de lo que le espera a todo ser humano en su paso al más allá, como el imparcial Ángel de la Muerte, los furores de la muerte, la dolorosa separación del alma y el cuerpo, el asfixiante estrechamiento de la fosa, los temibles ángeles Munkar y Nakir y el castigo de la tumba.

Hay quien llega a fosacomun buscando cosas tan bonitas como:

- “Inconmensurabilidad como valor”.

- “Historia de las líneas paralelas”.

Y hay quien llega a fosacomun buscando perlas como estas:

- “Porque los cementerios no huelen”.

- “Porque se entierra a la gente muerta”.

Intuyo que este “porque” causal es en realidad un “por qué” interrogativo. ¿Que por qué se entierra a la gente muerta? Porque enterrarla viva es muy difícil: no hay quien les convenza de que se metan en la caja y se estén quietecicos, hay que atarlos, se ponen a gritar como si estuvieran poseídos, arañan el ataúd y dejan la tapa hecha unos zorros (por no hablar de sus uñas), quedan con un rictus horrible para toda la eternidad…, bueno, bueno, un sin dios.

Por estos y no por otros motivos es mejor esperar a que se mueran para enterrarlos.

Calavera calva era

San Jerónimo de Estridón fue uno de los Padres Latinos de la iglesia. En el siglo V tradujo la Biblia del hebreo y del griego al latín, pero no al clásico, sino al vulgar, de ahí que dicha traducción sea conocida como Vulgata.
Marinus van Reymerswaele

En este cuadro del pintor neerlandés Marinus Claeszoon van Reymerswaele, más conocido como Marinus de Seeu (de Zelanda), pintado en 1542 vemos (si vamos al Prado lo vemos mejor) al santo traductor en su estudio. Ante él, la Biblia en plena escena del Juicio final, materiales de trabajo, papelotes, un Cristo crucificado, una vela que no va a alumbrar mucha más erudición y una calavera. Lo que llama la atención es que Marinus no ha pintado el cráneo en la posición más fácil, aquella a la cual estamos acostumbrados, de frente, sino que ha preferido -no sabemos si por imponerse un reto y mostrar sus habilidades pictóricas o por alguna razón que se nos escapa- ofrecer la representación más difícil, es decir, desde abajo, mostrando el punto de unión con la columna, el paladar, la mandíbula superior y las múltiples cavidades nasales, oculares, cerebrales…

Llaman la atención también, evidentemente, las manos, tan crispadas, aunque con semejante rostro y una capucha tan almidonada no desentonan. Lo que no sé es cómo conseguía el hombre  agarrar la pluma para escribir su traducción con semejantes garras.

Por cierto/Por verdadero: una cosa bien bonita sobre la traducción que he encontrado en estos libros de semiótica italianos. Dice Paolo Fabbri que, después de que la última palabra común fuera “confusión” (=Babel), la traducción postbabélica obliga al traductor a calcular una dimensión inconmensurable que se mantiene en el momento mismo de la medición. Por eso las traducciones son sistemas abiertos e incompletos que, sin embargo, pueden ser verdaderos.

Me encanta el concepto de “inconmensurabilidad”, de hecho, creo que voy a hacer/proponer una lista de situaciones a las que se pueda aplicar o parejas de términos que ponga en relación. Por ejemplo, 1) diagonal y lado del cuadrado, 2) Sócrates y Calicles, 3)… 1, 2, 3, responda de una vez!

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